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Neuroplasticidad: cómo el cerebro puede reorganizarse para sanar... o reforzar la enfermedad...

12 ago
3 min de lectura

Durante mucho tiempo, la neurología operó bajo un supuesto que hoy sabemos incompleto: el cerebro adulto es fijo. Las conexiones que tienes son las que tienes. El daño es permanente. La recuperación tiene un límite.

Ese modelo definió décadas de rehabilitación clínica. Y también dejó a muchos pacientes sin esperanza real, porque el mensaje implícito era: hasta aquí puedes llegar.

Neuroplasticidad: el cerebro que se remodela

La neuroplasticidad es la capacidad del sistema nervioso para modificar su estructura y función en respuesta a la experiencia, el aprendizaje, el daño o la intervención terapéutica. Es la forma en que el cerebro funciona de manera normal durante toda la vida.

Esta forma de operar está basada en algunas máximas que veremos en otro post, como el sesgo de confirmación y el remodelado con base en la comunicación interneuronal frecuente.

Lo que cambia con la edad no es la capacidad de remodelamiento; suelen ser, más bien, las creencias y resistencia mental al cambio. Un cerebro adulto puede crear nuevas conexiones sinápticas, reorganizar circuitos existentes, y desarrollar nuevas rutas funcionales que compensan zonas dañadas o en desuso, y también crear nuevas habilidades y funciones.

Esto tiene implicaciones concretas para el trabajo clínico: si el sistema nervioso puede reorganizarse, entonces la experiencia terapéutica importa — y mucho. Cada sesión, cada ejercicio, cada intervención somática no es solo un procedimiento técnico. Es una señal que le llega al sistema nervioso y que puede, con la dosis adecuada, la atención mental y la apertura emocional, desencadenar cambios estructurales y funcionales reales.

Pausa y reflexiona un momento: ¿Qué vías alimentan tus pensamientos? ¿Qué tan deliberada es la remodelación de tu cerebro?

Neurología funcional: la clínica de lo reversible

La neurología funcional (o neurología aplicada) es una especialidad que trabaja específicamente con la neuroplasticidad buscando la metaestabilidad y la alostasis — es decir, la adaptación a los estresores y el retorno a un estado neutro.

No hablo de “está en tu cabeza”. Hablo de algo fisiológico: hay personas cuyo cerebro y sistema nervioso están respondiendo de manera exagerada, o deficiente — generando síntomas reales, medibles, que afectan la vida, la salud y la interpretación de las vivencias. En esos casos, el sistema nervioso es tanto el origen del problema como la palanca del cambio.

El trabajo en neurología funcional parte de evaluar qué circuitos están hipofuncionando y cuáles están hiperactivos, para diseñar estímulos específicos — movimiento, trabajo sensorial, respiración, vibración, estimulación auditiva, trabajo visual, equilibrio — que activen las vías que necesitan recuperar tono funcional.

Lo que esto significa en la práctica

En mi trabajo con pacientes complejos — disautonómia, fatiga crónica (ME/CFS), espectro de hipermovilidad, autoinmunidad, insomnio, atletas en fase de entrenamiento — el enfoque neurofuncional cambia la orientación terapéutica de manera fundamental.

En lugar de preguntar solo “¿qué tejido está lesionado?”, la pregunta pasa a ser: ¿qué circuitos del sistema nervioso están respondiendo de manera protectora, y cómo puedo estimularlos de forma que el cerebro tenga razones para reorganizarse en base a la percepción de seguridad?

No se trata de trabajar más fuerte. Mientras más entendemos al cerebro y su interacción con el resto del sistema, más obsoleta se vuelve la frase “no pain no gain”. Se trata de trabajar con más precisión, reestableciendo comunicación entre los sentidos y el sistema autónomo.

El cerebro puede cambiar en cualquier dirección, con cualquier estímulo, en cualquier condición. La recuperación es posible y exige precisión, pero sobre todo intención y constante reto dentro de lo percibido como seguro.

Lo más importante es saber cómo, con qué intensidad y sobre todo, con una actitud exploradora, abierta y juguetona. Estudios refuerzan cada vez más que esta tríada es la varita mágica que acelera la neuroplasticidad.

Como dice Richie Davidson: “somos la única especie que puede cambiar su cerebro de manera voluntaria, aprovechémoslo y saquemos el mayor provecho”.

No “hagas la tarea”… descubre el juego del reto, disfruta el desafío, acepta el cambio. Porque todo cambia, y en el caso de tu cerebro, puedes decidir la dirección en cada acción y pensamiento.

Pausa y reflexiona un momento: ¿Qué vías alimentan tus pensamientos? ¿Qué tan deliberada es la remodelación de tu cerebro? ¿Hacia dónde llevas la constante remodelación cerebral — a confirmar creencias catastrofistas, desconfiadas, defensivas, o hacia una fisiología más aceptante, motivada y abierta?

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